Irene Fabregues

escenas de rutina

Diario de una fotógrafa confinada

La fotografía siempre ha tenido pinceladas terapéuticas para mí, en estos días de confinamiento sigue siendo mi gran apoyo, esa herramienta de desconexión e introspección, que entretiene y satisface a partes iguales.
No podemos patear las calles, pero no por eso vamos a renunciar a la fotografía; documentar esta extraña situación por la que estamos pasando juntos, desde nuestro aislamiento, de puertas para adentro o desde nuestras ventanas, o sencillamente fotografíar nuestra interpretación del momento, me parece un ejercicio interesante que todos deberíamos llevar a cabo.
Fotografíar a nuestros familiares en sus quehaceres diarios, las sábanas tendidas del vecino de enfrente, la ausencia de bullicio bajo la ventana…retratar el silencio, el aburrimiento, el miedo o la esperanza.
Trabajar la luz cambiante y redescubrir los espacios, analizar cómo varía con ella los rincones de casa, los objetos…y la calle desde la ventana, esa calle llena de ausencias, un escenario vacío en el que lo único que cambia en estos días es la luz.

Personalmente trabajo las ausencias a menudo, me interesan bastante más que fotografíar a la gente. Pienso que cuentan mucho más , para mí es un gran recurso fotográfico, así que estos días, estoy disfrutando a tope desde mi «ventana indiscreta». La luz va cambiando y yo varío  como puedo el encuadre, cada foto es una historia distinta. Una historia que surge de mis miedos o inquietudes, una reflexión diaria del aislamiento, mi personal cuaderno de bitácora.
Hay mucho que fotografíar en casa, o desde ella, ésto forma parte de nuestras vidas al igual que la fotografía, así que no hay excusas para confinar también a nuestras cámaras, ahora que tenemos tiempo, vamos a fotografíar la vida.

Os animo a todos a documentar vuestro confinamiento, la fotografía forma parte de nuestras vidas siempre.

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© 2020 Irene Fabregues

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